Por primera vez en mucho tiempo, el favoritismo no descansa en una sola selección, sino en cuatro candidatas reales y una quinta acechando, lo que convierte al Mundial 2026 en el menos predecible de los últimos veinte años.
A poco más de unas semanas del primer pitazo, los pronósticos rumbo al Mundial 2026 ya tienen jerarquía: España manda en el favoritismo de los analistas, Francia y Argentina respiran en la nuca, e Inglaterra empuja desde atrás en un torneo que arrancará el 11 de junio en Norteamérica con un formato inédito de 48 equipos repartidos en doce grupos. El orden no es caprichoso, sino que lo dictan el rendimiento reciente, el ranking FIFA y unos modelos estadísticos que, por primera vez, condicionan abiertamente la conversación previa a una Copa del Mundo.
El qué es claro: una Copa más larga, más amplia y más expuesta al ruido de los datos, donde la supercomputadora de Opta ya repartió etiquetas y España aparece en lo más alto con un 16% de probabilidades de levantar el trofeo, seguida de Francia con cerca del 13% e Inglaterra con un 11%; Argentina, vigente campeona, ronda el 10%, y la Roja ibérica llega con el aval de la Eurocopa y un fútbol asociativo que pocos están descifrando.
Las cuotas que circulan en los portales especializados afinan todavía más ese diagnóstico, ya que Brasil aparece sexto en casi todas las proyecciones y Portugal se le adelanta; la canarinha, intervenida por Ancelotti desde mediados del año pasado, todavía busca identidad, y en un Mundial corto eso pesa más que el pasado.
Argentina vive su propio dilema, pues defiende corona con una columna vertebral envejecida y la incógnita Messi orbitando cada conferencia: sigue siendo letal cuando cuaja, pero los modelos castigan la edad y premian la profundidad de plantilla, razón por la cual pierde terreno frente a las europeas.
La Roja, fuera del cuadro
Para el lector chileno, leer estas listas duele, porque la Roja no estará: terminó última en las Eliminatorias con once puntos, su peor campaña histórica en el formato de todos contra todos, y mira el Mundial por tercera vez consecutiva desde la grada, de modo que cualquier análisis serio parte aceptando esa ausencia.
Sin selección propia en el cuadro, el hincha chileno necesita brújulas distintas para enganchar con el torneo, y ahí gana terreno el cruce de datos: comparar plantillas, ver qué grupo es más exigente, entender por qué un algoritmo ubica a Inglaterra por encima de Argentina cuando el ojo futbolero diría lo contrario.
Plataformas como Time2Play llevan meses publicando análisis comparativos selección por selección, con cuotas, fixtures cruzados y proyecciones de fase de grupos; es el tipo de material que antes solo manejaban los apostadores profesionales y que hoy circula abierto, en español, para cualquier seguidor neutral.
Las cuatro que se reparten el cetro
España no es favorita por inercia, sino porque Pedri ordena el reloj, Yamal desequilibra a una velocidad que rompe líneas defensivas y Luis de la Fuente armó un bloque que se mueve en simultáneo; el problema sigue siendo el nueve, porque Oyarzábal funciona y marca con regularidad sospechosa cuando viste la camiseta nacional, aunque no termina de convencer como referencia única en un torneo largo.
Francia tiene argumento de sobra para discutirle el cetro: Mbappé está en plenitud, Deschamps se despide con la ambición de la tercera estrella y la generación intermedia ya no necesita carnet de novato, de modo que los galos saben jugar Mundiales y no improvisan, no se asustan ni se desordenan.
Inglaterra es el caso más fascinante, porque Tuchel reordenó a un grupo que llegaba quemado tras la Eurocopa, las goleadas en clasificación encendieron al hincha y los modelos estadísticos la elevaron por encima de Argentina; el cuerpo todavía no se lo cree del todo y la cabeza tampoco, pero los datos no negocian.
Hay que mirar también a las que llegan en silencio, ya que Francia recuperó hace pocas semanas el primer puesto del ranking mundial tras una ventana de amistosos sólida, y ese movimiento condiciona el sorteo y los cruces eliminatorios; Portugal, con Cristiano en su última función, ganó la Nations League y aparece quinto en las cuotas, mientras Países Bajos, Alemania y Bélgica completan el pelotón europeo.
África llega con Marruecos como gran candidata a repetir hazaña, ya que tras alcanzar las semifinales en Qatar no ha bajado el nivel, y Senegal, encuadrado en el grupo I junto a Francia y Noruega, tiene plantel para incomodar; si llega una sorpresa, probablemente saldrá de ahí.
Sobre la mesa queda un dato incómodo para los hinchas de la Roja: el séptimo cupo sudamericano se lo quedó Bolivia, no Chile, diferencia que explica buena parte de lo que se vivió en el cierre de las Clasificatorias y marca el punto de partida del próximo proceso, todavía sin entrenador estable y con una generación que se diluyó sin recambio.
El formato que cambia las reglas
¿Quién gana entonces? Si hay que mojarse, España, porque tiene el fútbol más reconocible del lote, una columna joven y la confianza que da haber ganado el último torneo grande disputado; Francia es el rival natural, Argentina el comodín emocional, e Inglaterra carga con un peso psicológico que un partido contra Serbia no borra.
El nuevo formato introduce una variable que pocos están midiendo bien, ya que con doce grupos de cuatro, donde los dos primeros y los ocho mejores terceros pasan a dieciseisavos, los partidos se vuelven casi eliminatorios desde el inicio; eso castiga al confiado, y el sorteo del 5 de diciembre, sin grupos de la muerte clásicos, dejó cruces tempranos peligrosos y a España y Argentina en lados opuestos del cuadro por decisión FIFA, abriendo la posibilidad de una final que el fútbol sudamericano espera desde 2010.
Por primera vez en mucho tiempo, el favoritismo no descansa en una sola selección, sino en cuatro candidatas reales y una quinta acechando, lo que convierte al Mundial 2026 en el menos predecible de los últimos veinte años.