La definición entre Cruzeiro y Atlético Mineiro terminó con una pelea masiva que marcó un récord de expulsiones en el fútbol brasileño. El delantero Hulk asumió responsabilidad y pidió perdón por los hechos.
Un violento episodio marcó la final del Campeonato Mineiro entre Cruzeiro y Atlético Mineiro, encuentro que terminó con una batalla campal y un récord histórico de 23 expulsados, en medio de golpes, empujones, patadas y amenazas entre jugadores de ambos equipos.
La situación se desató en los minutos finales del partido tras un cruce entre futbolistas de ambos elencos, lo que rápidamente derivó en una pelea generalizada dentro del campo de juego. El árbitro terminó mostrando 23 tarjetas rojas, una cifra inédita en el fútbol brasileño.
Uno de los protagonistas del incidente fue el experimentado delantero Hulk, referente del Atlético Mineiro, quien posteriormente ofreció disculpas públicas por lo ocurrido. El atacante brasileño, de 39 años, aseguró que nunca había vivido un episodio de violencia similar en su extensa carrera.
“No recuerdo haber participado en un acto de violencia así en ningún partido en el que haya estado presente. Es lamentable y no me cansaré de pedir disculpas”, señaló el futbolista tras el encuentro.
El goleador también reconoció su participación en la pelea, luego de golpear al volante argentino Lucas Romero, quien se encontraba de espaldas durante el altercado. Según explicó, la reacción se produjo en medio del clima de tensión que se vivía en el campo.
“Uno intenta calmar las cosas, pero con la sangre caliente ves a un compañero siendo agredido y reaccionas automáticamente porque tienes que defender a tu compañero y los colores del equipo”, agregó el delantero.
Además, Hulk apuntó contra el árbitro del compromiso, Matheus, a quien responsabilizó por no controlar el desarrollo del partido antes de que el conflicto escalara.
“Se podría haber evitado. El principal responsable de todo lo que pasó es el árbitro, porque yo se lo dije al inicio del segundo tiempo: si no tienes el control del juego, olvídate”, sostuvo.
El juez terminó mostrando 23 tarjetas rojas, una cifra histórica que refleja la magnitud del incidente y que ya genera repercusión en el fútbol brasileño.